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Gaza: Cada mañana se abre una puerta: educación de emergencia en Deir al-Balah

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En el marco del proyecto «Healing & Learning», la asociación cultural y artística «NAWA Centre», con sede en Deir al-Balah, en la Franja de Gaza, ofrece programas de pedagogía de emergencia para el apoyo psicosocial, así como actividades educativas y de movimiento dirigidas a los niños. Desde febrero, más de 500 niños han participado ya en las actividades. Para muchos de ellos, el «NAWA Centre» es el único lugar donde pueden aprender, jugar y, sencillamente, ser niños con total seguridad. Amal Al-Shurafa, coordinadora del proyecto desde la asociación, nos ofrece una visión de la situación actual sobre el terreno:

[Translate to Espanól:] Gemaltes Bild eines Kindes in Gaza mit Haus, Baum, Sonne, Schmetterling

En Gaza, la incertidumbre se ha convertido en algo cotidiano. Por ejemplo, no sé dónde voy a vivir dentro de unos días. Ahora mismo vivo en una habitación alquilada en el pueblo de Al-Zawaida, a unos tres kilómetros de Deir al-Balah. Debido a la ampliación de las órdenes de evacuación israelíes, es posible que la familia que me alquila la habitación la necesite pronto para acoger a familiares desplazados. Si eso ocurre, tendré que marcharme y buscar un nuevo alojamiento, igual que muchos miles de personas más. Así es la vida en Gaza hoy en día. Incluso la más mínima sensación de estabilidad puede desaparecer de la noche a la mañana.

Pero al menos sé dónde empieza cada mañana: en el «NAWA Centre», donde los niños esperan a que se abran las puertas. Puertas que dan acceso a un lugar que les proporciona una sensación de seguridad durante unas pocas y preciosas horas. Los miedos de los niños ya no tienen que ver con los exámenes escolares ni con los deberes. Tienen miedo de los drones que sobrevuelan el cielo, de las órdenes de evacuación y de perder a sus seres queridos. Muchas escuelas se han convertido en refugios de emergencia para familias desplazadas, mientras que otras yacen reducidas a escombros y cenizas. Para muchos niños, no hay espacios donde aprender y jugar.

Los niños llegan llenos de miedo, inseguridad y preguntas difíciles. Más tarde se van con una nueva historia, un dibujo o una sonrisa que casi habían olvidado. Leemos, dibujamos, jugamos y aprendemos juntos, pero, sobre todo, escuchamos. Porque eso es lo que muchos niños necesitan: alguien que los escuche. Al final de cada día, lo que más rememoramos, no es la cantidad de actividades. Son las palabras que los niños nos dejan como regalo. Qais, por ejemplo, nos contó su sueño mientras nos enseñaba uno de sus dibujos: «Me gusta pintar excavadoras. Algún día me gustaría tener una para retirar los escombros y construir una carretera». La casa de la familia de Qais quedó destruida durante la guerra. Sin embargo, sus dibujos, al igual que los de muchos otros niños, están llenos de casas, árboles, flores de primavera y el mar. Cuentan la historia de la vida con la que estos niños siguen soñando a pesar de todo lo que han perdido.

Sabemos que nuestro trabajo no puede detener la destrucción. No puede reconstruir las casas derrumbadas ni acabar con los miedos de los niños de la noche a la mañana. Pero sí puede ofrecerles algo igual de importante: un lugar donde puedan aprender, jugar, expresarse y recordar que su infancia sigue mereciendo ser protegida.

Quizá mañana tenga que buscar un nuevo alojamiento, o quizá no. Pero una cosa es segura: cuando mis compañeros y yo abramos las puertas del «NAWA Centre», los niños vendrán. Un niño llegará con una nueva historia. Otro trazará el camino que algún día le gustaría recorrer. Una madre podrá respirar aliviada, porque sabe que su hijo pasa unas bellas horas en un lugar seguro, donde se le cuida y se le anima a creer en su futuro. Quizá no podamos cambiar lo que ocurre más allá de nuestros muros. Pero cada mañana podemos abrir una puerta. Y tras esa puerta, un niño puede volver a aprender, a reír y a soñar. Quizá la esperanza en la Gaza actual comience con algo tan sencillo como esto: una puerta que se abre cada mañana.

 

 

Amal Al-Shurafa

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