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20 años de pedagogía de emergencia: de un proyecto piloto a una red internacional

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Los factores desencadenantes más graves de las crisis humanitarias son las guerras y los conflictos violentos. A menudo provocan el desplazamiento de las personas de sus hogares y dan lugar a una escasez de alimentos, agua y atención médica. Las catástrofes humanitarias amenazan o destruyen la vida de muchas personas, entre ellas la de los niños, que pueden ser los más afectados por sus consecuencias. Los pedagogos de emergencia intentan ayudar a los niños que han vivido experiencias traumáticas en zonas de guerra y catástrofes a superar sus duras vivencias. Fiona Bay, de la asociación Amigos del Arte de Educar, repasa los inicios de la pedagogía de emergencia y su exitosa trayectoria a lo largo de los últimos veinte años:

 Los niños van de la mano y se ríen

En 2006, Bernd Ruf, por entonces miembro de la junta directiva de la asociación Amigos del Arte de Educar, tuvo la oportunidad de estar en un campo de refugiados de Beirut, en el Líbano, con niños y jóvenes que habían vivido experiencias traumáticas de guerra. A raíz de ello, desarrolló un concepto integral de pedagogía de emergencia. Los primeros impulsos aparecieron en forma de preguntas como: ¿Puede la pedagogía Waldorf, con sus métodos, ayudar a los niños en situaciones de crisis aguda a afrontar situaciones de estrés extremo? ¿Puede esto reforzar las capacidades de autocuración y, al mismo tiempo, evitar que la tensión aguda postraumática de lugar a heridas psicológicas a largo plazo? La violencia provocada por el ser humano y los refugiados en el Líbano, gravemente afectados por la guerra, tuvieron que ver entonces con el origen del primer proyecto piloto de pedagogía de emergencia de la asociación Amigos del Arte de Educar.

Luego de los primeros proyectos piloto en el Líbano, tras los devastadores terremotos de China en 2008 y la guerra de Gaza en 2009, dirigidos por Bernd Ruf y con el apoyo de colaboradores voluntarios, en las intervenciones se sentaron nuevas bases que siguen marcando nuestro trabajo hasta hoy. Junto a ello, se creó un departamento propio al interior de la asociación Amigos del Arte de Educar en Karlsruhe, se pusieron en marcha, por ejemplo, los primeros centros pedagógicos de emergencia para la protección de la infancia: lugares seguros en los que los niños pueden encontrar estabilidad, figuras de referencia presentes y actividades creativas basadas en la pedagogía Waldorf. Desde el principio se hizo evidente que la ayuda sostenible significa algo más que un apoyo a corto plazo.

Con el tiempo, los proyectos individuales se han convertido en colaboraciones a largo plazo e iniciativas independientes. En la actualidad, existen equipos de pedagogía de emergencia de distintos tamaños (de cinco y a cien personas) en más de treinta países. Por lo general, han surgido gracias a la iniciativa de voluntarios comprometidos de cada país que se han incorporado a la tarea. Actúan ante catástrofes naturales, guerras, flujos migratorios y otras situaciones de crisis, siempre adaptándose a las condiciones culturales y sociales de cada lugar.

Si bien al principio el trabajo se centraba sobre todo en los «primeros auxilios para el alma» en situaciones de emergencia, poco a poco fueron cobrando importancia también los abordajes a largo plazo. Muchos de los niños y jóvenes con los que nos encontramos en nuestro trabajo no solo traen consigo cargas actuales, sino también heridas del pasado y experiencias no superadas. Por eso, cada vez nos planteábamos con más frecuencia la siguiente pregunta: ¿cómo podemos acompañar en las crisis agudas y, al mismo tiempo, crear un espacio para procesos de sanación más profundos? Para dar respuesta a esta pregunta, los expertos, junto con el equipo del área de Pedagogía de Emergencia de los Amigos, continuaron perfeccionando los métodos. Hoy en día, las experiencias de la pedagogía del trauma forman parte del trabajo tanto como los conocimientos derivados de una comprensión cada vez mejor de la psicotraumatología. La base de nuestra misión sigue siendo siempre la visión antroposófica del ser humano y la pedagogía Waldorf.

Nosotros/as, educadores y educadoras de emergencia, hemos ido abriendo cada vez nuevos caminos para responder a circunstancias especiales. Por ejemplo, en las diferentes intervenciones que realizamos en Ucrania apareció la clara necesidad de desarrollar enfoques pedagógicos específicos para la situación del acompañamiento de los niños en el búnker. Una educadora de Járkov, en el este de Ucrania, cuenta cómo, durante las muchas horas que pasa en el búnker, realiza con los niños ejercicios que ha aprendido en el marco de nuestra formación en pedagogía de emergencia. Así pues, el búnker no solo se utiliza para garantizar la seguridad física, sino que se convierte también en un espacio donde los niños pueden participar en actividades artísticas o escuchar cuentos. Cuando se produjeron los primeros ataques de Irán contra Israel, nuestra compañera de Ucrania pudo compartir sus nuevos conocimientos con educadores y educadoras de Israel, quienes los acogieron con gratitud.

En Colombia, la pedagogía de emergencia se integró en un programa dirigido a jóvenes que, debido al tráfico de drogas y la pobreza en sus barrios, se ven especialmente afectados por la violencia. En Filipinas, un equipo prestó apoyo a niños que se encontraban bajo protección tras haber sido víctimas de violencia digital. En Argentina, pedagogos de emergencia voluntarios trabajan con jóvenes en centros penitenciarios. A pesar de todas las diferencias, de estos proyectos podemos extraer una experiencia común: la sanación rara vez se produce en aislamiento.

Esto también lo pudimos comprobar muy claramente durante nuestra misión en un campo de refugiados en Uganda en abril de este año. Trabajamos con una organización fundada por jóvenes refugiados del Congo. Con su compromiso, crean espacios seguros en los que los niños pueden bailar, jugar y sentir que forman parte de una comunidad. Cuando les preguntábamos de dónde les venía el deseo y la fuerza para llevar a cabo este trabajo con los niños a pesar de la falta de recursos económicos y materiales, siempre escuchábamos la misma respuesta: «Quiero transmitir a nuestros niños lo que a mí me ayudó». Quizá esta frase describa mejor que cualquier definición técnica en qué consiste la pedagogía de emergencia. Al jugar, hacer música, moverse y crear juntos, los niños recuperan su capacidad de actuar. Un trauma suele tener un efecto separador: de uno mismo, de los demás y del mundo. La comunidad puede reforzar de nuevo esta conexión.

La demanda de formación continua sobre temas relacionados con la pedagogía de emergencias y el trauma sigue creciendo en todo el mundo. Durante sus seminarios, los expertos en la materia imparten la teoría de la psicotraumatología y la pedagogía de emergencia, así como métodos prácticos desde el arte, el movimiento, la pedagogía experiencial y otros enfoques creativos. Además, hay un tema que ha cobrado especial importancia en los últimos años: el autocuidado. Y es que quien quiera acompañar a niños en situaciones de crisis también necesita herramientas para gestionar su propio estrés. En este sentido, también hemos reaccionado en consecuencia y hemos dedicado más espacio a este tema en nuestros cursos de formación continua.

Veinte años después de las primeras intervenciones en el Líbano, la comunidad de pedagogos de emergencia se ha convertido en una red internacional con equipos en 30 países. Más de 500 voluntarios de todo el mundo se dedican a ayudar a niños y jóvenes que se encuentran en situaciones difíciles.

Desde el área de Pedagogía de Emergencia de los Amigos, esperamos poder seguir apoyando lo mejor posible a nuestros/as compañeros y compañeras de todo el mundo en su labor. Deseamos que, para los niños y niñas de zonas en crisis que han vivido experiencias traumáticas, haya más lugares en los que tengan la oportunidad de activar sus propias capacidades de autocuración, con la ayuda de educadores y educadoras que puedan aprovechar al máximo allí el potencial de actuación de la pedagogía de emergencia. Lugares en los que también los propios ayudantes reciban apoyo y puedan tomarse un respiro. Para lograrlo, seguiremos respondiendo, en la medida de lo posible, a las peticiones de ayuda, siempre con el objetivo de que los compañeros y compañeras que realizan el trabajo localmente, puedan continuar con su labor.

Fiona Bay

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