La propuesta de CES Waldorf en Bogotá incluye, entre otras cosas, una guardería, servicios de apoyo escolar, programas para la obtención de títulos de estudios, así como servicios sociales y sanitarios. De este modo, la organización cubre una gran carencia, ya que muchos de los refugiados no cuentan con documento de identidad y, por lo tanto, tienen un acceso muy limitado a la atención sanitaria y a la educación. Además, los sobrevivientes de violencia y abusos a menudo no reciben asesoramiento, protección o apoyo jurídico suficientes.
Además, la pobreza, el hambre y el abandono social y estatal suelen marcar el día a día de las familias que viven allí, lo que tiene consecuencias profundas para los niños y los jóvenes. La gran desesperanza aumenta el riesgo de abandonar la escuela, consumir drogas o ser reclutados por grupos delictivos. Por ello, nuestros compañeros y compañeras han llevado a cabo, en el marco del proyecto, actividades artísticas y pedagógicas complementarias basadas en la pedagogía de emergencia. De este modo, se logran espacios seguros en donde los niños y jóvenes pueden experimentar estabilidad, aceptación mutua y resolución constructiva de conflictos. Al mismo tiempo, las familias de los niños reciben acompañamiento individual, asesoramiento y, si es necesario, se les deriva a servicios de asistencia médica y jurídica.
El impacto del proyecto es evidente: alrededor de 150 niños y jóvenes de entre seis y 18 años participaron regularmente en las propuestas de talleres desde la pedagogía de emergencia y del trauma. Las diversas actividades artísticas reforzaron sus habilidades para resolver conflictos y habilidades sociales, así como su confianza en sí mismos. A lo largo del proyecto, también mejoraron notablemente las habilidades comunicativas; los participantes se comportaron de forma menos agresiva y pudieron establecer relaciones más sanas. Además, gracias a las habilidades adquiridas, se redujo el riesgo de que los niños y jóvenes cayeran en la delincuencia o el consumo de drogas, al tiempo que aumentaban su autonomía y sus oportunidades de acceso a la educación. El 98% de ellos no abandonó los estudios y completó con éxito la escuela. «El proyecto permitió avances significativos en diversos ámbitos: cantería, carpintería, interpretación sinfónica, composición musical y fabricación de lámparas y muebles. Los talleres contaron con una asistencia regular y generaron alegría, así como un fuerte sentido de propósito y objetivo», resume María Antonia Zárate Camargo, directora de CES Waldorf.
El trabajo con los padres también mostró avances importantes durante esta fase. Aunque ya se habían ofrecido cursos de formación anteriormente, en el marco del proyecto participaron muchos más padres en temas como desarrollo infantil, prevención de adicciones y educación sexual. Las trabajadoras sociales de CES Waldorf asesoraron a los padres en cuestiones legales y le facilitaron el acceso a la atención médica. Además, nuestros compañeros de pedagogía de emergencia en el terreno ayudaron a muchas familias a identificar el estrés traumático y a dar los primeros pasos para superarlo, con el apoyo de psicólogos voluntarios y en conexión con el sistema de salud pública. Actualmente existe una gran demanda de nuevos talleres para padres y familias, lo que pone de manifiesto la necesidad duradera y el efecto positivo de este enfoque.
El proyecto demuestra de manera impresionante cómo la pedagogía de emergencia logra abrir nuevas perspectivas a los niños, fortaleciendo a las familias y contribuyendo a largo plazo a la estabilización de un entorno marcado por la violencia y la pobreza.
Larissa Küllmar

