Home: Freunde Waldorf

Georgia: construir puentes para niños/as con necesidades especiales en la escuela Michael de Tbilisi

News ,  Aktuelles ,  Waldorf weltweit

Janette Gülker-Neuhaus es una maestra y terapeuta curativa alemana, que está comprometida desde hace muchos años con la pedagogía Waldorf y la educación inclusiva. Fue miembro de la dirección escolar en la escuela libre Waldorf Everswinkel y desde hace muchos años colabora voluntariamente con la escuela Michael en Tbilisi, Georgia, una escuela que recibe a niños y niñas con discapacidades complejas, brindándoles además un espacio de cobijo en comunidad. Ella trabaja allí como mentora y pedagoga curativa, con alumnos y alumnas, acompaña a la dirección de la escuela en la reorganización y la incorporación de nuevas figuras líderes, fortaleciendo a maestras, madres y padres, en su actividad diaria. También en otoño e invierno del 2025 estuvo allí junto a su esposo, el euritmista curativo Markus Neuhaus, y nos contó acerca de su trabajo conjunto.

Los niños con discapacidades de la escuela Waldorf de Georgia celebran la Navidad

Durante tres meses, desde el dorado otoño hasta el cambio hacia la nevada estación, fuimos parte de la vida en la escuela Michael de Tbilisi. Cada mañana el día comenzaba con un ritual que me conmovió profundamente: “Dila mshwidobißa“ –la paz de la mañana. Niños, niñas, jóvenes y maestras se reunían para el círculo de la mañana, primero al aire libre, luego en el cálido hall. Era un momento de llegada, de respiración conjunta, antes de que comience el trabajo. 

La escuela Michael es un lugar especial. Es la única escuela de Georgia dedicada a la educación de niños con discapacidades intelectuales graves. En un país en el que la inclusión, con frecuencia, sólo figura en los papeles y en el que los niños y niñas con discapacidades complejas suelen ser relegados/as a centros de día, esta escuela es una luz de esperanza. Muchos/as padres y madres me contaron su desesperada búsqueda de un lugar adecuado para sus hijos e hijas y el alivio que sintieron cuando encontraron la escuela Michael. Aquí descubren que la educación es más que enseñanza: es amor, lealtad y el sentimiento de formar parte de una comunidad.

Mi trabajo allí fue intenso y profundamente humano. Junto a mi esposo Markus, me encontré con niños/as de enigmáticas almas y destinos. Nuestra tarea era percibir a cada niño/a sin prejuicios, abrir pequeñas ventanas al ser y encontrar caminos para liberar tensiones y tics, buscando promover el bienestar en el propio cuerpo. Entre ocho y diez niños diarios, un desafío que requiere paciencia y tacto. A veces se necesitaban cuatro manos, otras una idea salvadora para resolver una situación complicada. Una y otra vez pudimos vivenciar que cuando se acepta a las personas tal como son, suceden pequeños milagros. 

Especialmente conmovedores fueron para nosotros los encuentros con niños con un doble diagnóstico: discapacidad intelectual grave y enfermedad mental. En estos casos, Markus pudo aportar su experiencia laboral en clínicas psiquiátricas. Un niño recuperó el habla y una adolescente aprendió a controlar su agresividad. Y también conocimos a  tres niños con síndrome de Down que pasaron sus primeros años de vida en un hogar hasta que una mujer los adoptó a los tres. Dos de ellos son gemelos, un fenómeno poco común que sorprende incluso a los pedagogos terapéuticos más experimentados. Su alegría de vivir, su curiosidad y su confianza en la vida fueron un regalo para mí.

Junto al trabajo de pedagogía curativa, hubo momentos musicales, que unieron a la comunidad escolar. Los lunes y los viernes hicimos música con y para los niños y niñas. Algunos cantaban con todo el corazón y en esos instantes se podía sentir que se generaba algo, más allá de la pedagogía. Se trata de un espacio de humanidad. 

Pero la realidad permanece desafiante. La escuela depende financieramente de donaciones y el trabajo con niños/as que muchas veces muestran un comportamiento agresivo, lleva a las docentes a sus propios límites. Tanto más impactante es su amor y fidelidad hacia los alumnos y las alumnas. En las reuniones semanales desarrollamos nuevas perspectivas, forjando coraje y fortaleciendo la confianza. Nuestro acompañamiento dejó huellas, no sólo en los niños y niñas, sino también en el cuerpo colegiado. 

Al finalizar este período intenso, permaneció para mí el agradecimiento. Agradecimiento por los encuentros, por la confianza de madres y padres, por la apertura de las docentes y por el apoyo de los “Amigos del Arte de Educar de Rudolf Steiner”, sin cuya financiación no hubiera sido posible este trabajo. Ellos cubrieron los costos de viajes y con eso no solamente nos poyaron financieramente, sino que nos fortalecieron por medio de su confianza y valoración. ”Didi madloba“ – muchas gracias, querida escuela Michael, queridas personas en Tbilisi. El puente que hemos construido aquí, permanecerá, porque la educación es más que saber, es la relación entre vínculo, calor y la profunda convicción de que cada niño/a tiene un lugar en este mundo. 

Janette Gülker-Neuhaus

Aquí puede apoyar a la escuela Michaelschule en Georgia con su donación: 

Ayudar ahora

 

Patrocinios & donaciones
Patrocinios & donaciones