En una mañana me despertaron bruscamente y me llevaron a la Pick-up de mi tío. Mi madre y mi hermana se metieron también. Todos los otros miembros de la familia, entre ellos mi padre y mis dos hermanos, tomaron el auto de mi padre. Mi papá partió primero. Cuando llegamos al punto de control de las milicias de EI, dispararon a los dos autos. Mi papá no pudo seguir y fue atrapado, junto al resto de la familia. Mi tío se dirigió hacia la dirección opuesta y fue por el campo. Desde la distancia seguían disparando a nuestra pick up.
Las milicias de Estado Islámico mataron a todos los que estaban en el otro auto, a mi padre y a mis dos hermanos. Encontramos a mi padre y por eso pudimos enterrarlo. De los otros no hemos tenido rastro, hasta hoy. Pero estuy seguro que fueron asesinados. Es sólo cuestión de tiempo para que encontremos sus restos.
Cuando llegamos a las montañas de Sinjar, ya no pudimos continuar viajando con el auto y debimos huir a pie. Como mi madre tiene una discapacidad motora, fue muy difícil para nosotros. En un momento mi madre me dijo: toma a tu hermana y anda con tu tío. No puedo más, me encomendaré a Dios. Pero yo respondí: “ O me quedo contigo o vienes.” Yo era muy chiquito pero igualmente con mi tío nos íbamos alternando para cargar a mi madre. Además, tenía tres botellas de agua amarradas al cuello.
Pasamos en total nueve días en las montañas. Mi tío hablaba mucho por teléfono en esos días, para poder encontrar una salida para nosotros. Finalmente, continuamos nuestra huida a una zona cercana a Dohuk, donde poco después se armó un campo de refugiados.
Cuando tenía 11 años, se abrió un centro de protección infantil, cerca de nuestra carpa. Cuando asistí ahí, para mí era como estar en los brazos de mi padre. Me recibieron y pude olvidar todo lo horrible que había sucedido en mi vida, en ese momento. Los consejos que me dio Hazhar, continúan en mi cabeza. Hazhar es uno de los pedagogos/as de emergencia que luego crearon “Island of Hope“. El me motivaba a ir a la escuela y así comencé a aprender. Sobre todo las horas de juego eran mi parte favorita. Me sentía seguro e iba reuniendo experiencias positivas para mi futuro.
Deseo que esos espacios, donde pude estar de chico, puedan continuar funcionando y que también aquí, los niños de Sinjar tengan la posibilidad de poder ser niños en un lugar seguro. Además, deseo armar una familia y tener un ingreso seguro que me permita abastecerla.

