Como tantas otras escuelas, tuvimos que traspasar nuestra actividad a modo online. La tarea principal la vemos en constituir un soporte a padres y niños para su vida cotidiana, de manera que no pierdan el ritmo ni el entusiasmo. Notamos que los encuentros diarios online ayudan mucho en ese proceso. Los niños se concentran y entran nuevamente en forma. Por un lado practicamos el esperar y el echar de menos, por lo que nuestra paciencia es llamada a obrar. Por otra parte, los alumnos “se encuentran” cada mañana, se alegran mucho por ello y se acuerdan de los encuentros humanos vivos. Ahí surge calor anímico.
Desde noveno grado ya dictamos clases completas online, porque en esa edad ya pueden procesar mucho desde el intelecto. Continúan preparándose para los exámenes y están justo comenzando a aprender informática. Antes nos preocupaba no tener el equipamiento necesario en la escuela para abordar esa época, pero de repente, como por arte de magia ¡cada alumno y alumna, cada maestro y maestra, se encuentra frente a un computador! Además de informática, la clase novena aprende matemática, ruso, ambas lenguas extranjeras y para vivificar los sentimientos tienen una hora de teatro por semana.
En la clase séptima se está dando la época de geometría. Quinto trabaja con lenguaje (ruso) y tercero abarca las manualidades. Segundo trabaja con cuentos y acertijos, a la vez que dibujan formas simétricas y aprenden fábulas de memoria. Cada familia prepara una pequeña obrita para cada fábula nueva. La clase primera practica el cálculo mental. En el proceso de aprendizaje de los alumnos y alumnas más pequeños, se requiere la participación activa de los padres, que van siguiendo las indicaciones de la maestra. (¡Por fin tienen tiempo para eso!) Como objetivo, en este caso, no vemos necesariamente la transmisión de información, sino el mantener el calor de la convivencia humana. Vemos la situación como algo provisorio y no queremos que los niños se salgan absolutamente del ritmo escolar usual.
El colegio de profesores se encuentra diariamente online y eso nos ayuda a afrontar en forma operativa las dificultades que surgen constantemente.
Como nuestros maestros tienen a sus propios hijos en diferentes clases, tenemos una retroalimentación directa, tanto del lado de apoderados como del lado de los maestros.
Los padres y madres de la escuela toman muy en serio la situación financiera e intentan ayudarnos. Los padres que han perdido sus fuentes de ingreso y no pueden estar seguros si podrán rearmar su negocio en el corto plazo, no serán dejados de lado. La comunidad escolar es consciente de esto y toma la situación tal como es. Es importante, que podamos asegurar el sueldo de los maestros y maestras, como del resto de los trabajadores de la escuela, debido a que muchos de nosotros dependemos de él.
Con nuestro Kindergarten vemos una situación difícil. El pequeño grupo de Kínder ya estaba en una situación financiera compleja y muchas veces requería la ayuda de la escuela. Ahora el Kindergarten está cerrado y aún no sabemos si los apoderados podrán continuar apoyándolo.
En general estamos bastante tranquilos de ánimo. Tal vez esta situación nos traiga algo nuevo. No tenemos la sensación de que los eventos a nivel mundial solamente traigan destrucción, sino que tenemos la esperanza de una renovación, de nuevos impulsos, nuevos comienzos. Así como vivíamos antes se había convertido en costumbre, en algo inconciente. Y bueno, la vida a la que estábamos acostumbrados terminó. Estamos viviendo ahora un momento muy fuerte de autorreflexión, de introspectiva, y de encontrarse frente a la pregunta: ¿qué debemos desechar y qué debemos mantener, qué debemos hacer y qué definitivamente no?

